La mala luz

La mala luz de Carlos CastánQuien se enfrente a la primera novela de Carlos Castán sin conocer sus relatos, movido tan solo por el atractivo texto que sus editores han escrito en la contraportada del libro, posiblemente se sienta algo decepcionado, ya que en ella se anuncia el libro como un “vertiginoso thriller”, lo cual está muy lejos de la realidad, según la opinión de este librero. Sin embargo, quien conozca la obra anterior de Castán y no se deje arrastrar por falsas expectativas, se encontrará con una auténtica  joya literaria en la que, sí, hay un asesinato, pero este y su investigación no son si no las trágicas circunstancias en las que el protagonista de la novela deberá aprender a moverse, evitando por completo el uso narrativo del ritmo trepidante y las normas de la literatura “negra y criminal”.

En “La mala luz“, editada por Destino acompañamos a sus protagonista en su vuelta a su Zaragoza natal (nos encanta que cada día más novelistas se atrevan a desarrollar el escenario de sus novelas en ciudades medianas o incluso pequeñas de nuestro país), recién separados «todavía con la marca de la alianza en el dedo, ese anillo de piel algo más pálida que funciona para el mundo como una especie de emblema de soledad recién estrenada y moderadamente vergonzante». Cada uno porta su propio monstruo que poco a poco irá comiéndose sus vidas. Jacobo, alegre artista y mujeriego, vive su retorno con un creciente terror hacia la muerte que le irá impidiendo vivir su vida. Su amigo, el narrador cuyo nombre no conocemos, intenta protegerle con su sola presencia, dándole lo único que posee ahora: su tiempo.

Durante una de esas noches de pánico y locura, Jacobo es asesinado de un modo incomprensible y brutal. El intento de buscarle una explicación, de comprender la muerte de su amigo, reviviendo el pasado y sus propias huellas en el mundo, se convertirá en el único objetivo de su vida. Pero lejos de realizar una investigación policial para descubrir el culpable de la muerte de Jacobo (que sin duda se lleva a cabo, pero lejos de nuestro escenario), el protagonista realiza un viaje a la propia vida de Jacobo, a sus decisiones y sus abandonos.

La mala luz“, esa que se instala en los momentos en los que ya casi nada importa, en los que se puede palpar el miedo a caer en el abismo; esa mala luz que los protagonistas no consiguen reforzar, convierte esta novela en un libro intimista, pausado, acobardado a ratos, pero escrito con una maestría asombrosa que proporciona momentos literarios excepcionales. Como nos comentó hace unas semanas un amigo de la librería, «es de ese tipo de libros que todo amante de la escritura querría haber escrito».

(Publicado en el blog de la Librería Canaima).

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