“Pasajero del final del día”

pasajero del final del díaCuando usamos el transporte urbano de un modo habitual y prolongado, podemos toparnos con diversos tipos de viajeros muy interesantes: en primer lugar aquellos que leen, escuchan música, juguetean con su Smartphone o sencillamente intentan poner la mente en pausa mirando por la ventana o una pantalla de televisión, sumergiéndose en su propio mundo y evitando así todo contacto con el resto de viajeros. Podemos encontrarnos también con aquellos que están muy atentos a las conversaciones vecinas por el puro placer de cotillear o por la necesidad de escuchar puntos de vista distintos a los suyos, aunque, en muchas ocasiones, el no poder intervenir para mostrar al resto de viajeros su visión de la vida, les suponga un verdadero suplicio. Y, aunque sean más difíciles de distinguir (y entre estos debo incluirme), también viajan aquellos que disfrutan observando furtivamente a las personas que les rodean, a la vez que imaginan vidas enteras para ellos.

Pedro, el protagonista (por cierto, librero de profesión) de la novela “Pasajero del final del día“, escrita por el carioca Rubens Figueiredo y editada por la estupenda editorial Rayo Verde, realiza cada viernes el mismo trayecto en autobús para pasar el fin de semana junto a su novia; un largo recorrido que le lleva a un lugar extramuros inhóspito, casi hostil, pero origen de revueltas ciudadanas necesarias y molestas al mismo tiempo. Pero eso está bien para Pedro: se ha convertido en una agradable rutina que le permite vivir con orden y sin sobresaltos en un barrio que le es por completo ajeno, pero al que no desea renunciar. En ese largo trayecto, Pedro reflexiona sobre su vida, el amor y la familia, a la vez que imagina las vidas de sus compañeros de viaje y trata de leer un relato del viaje de Charles Darwin por el Brasil.

Todo ello da pie a Figueiredo para construir una complicada, pero fantástica novela en la que distinguimos la crítica social, la biología y la buena literatura, y estas llevan al autor a crear un discurso interno, una continua reflexión en la que entramos sin apenas darnos cuenta, reconociéndonos en cada frase, a pesar de que el discurso del protagonista, sintácticamente perfecto, se nos antoje en ocasiones intrincado. Un libro impactante para aquellos lectores que disfrutan de las historias mínimas, de los pequeños dramas que encontramos a cada paso, sin olvidar mirar a nuestra sociedad y el papel que cada uno de nosotros juega en ella.

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