“El librero”

LIBREROTodo aquel que desee entrar en esta librería y escuchar el prumpiprumpiprump del carrillón de la puerta debe ser consciente de que en ella se encontrará con un librero tan particular y tan amante de los libros que para él, la realidad no es la única herramienta posible para escribir el libro de la propia vida.

Un librero bastante grande y ancho y al que aburren las descripciones físicas, excepto las que se refieren al cabello; que se alimenta de infusiones, que toma cada vez que entra un cliente a la librería; que nunca sale de ella ni cierra su puerta durante las 24 horas del día, los 7 días de la semana por si alguno de sus clientes necesita con urgencia un libro; pero sobre todo, un librero que se niega a vender basura: tan solo los libros que ama son los que habitan en sus estanterías.

«Tomó al azar un libro de su estantería.
Lo abrió por la primera página, empezó a leer y sonrió.
Pasó la página, siguió leyendo y se dejó caer sobre su sillón para deslizarse hacia abajo y acabar sentado en el suelo. Su sonrisa se ensanchó.
No se trataba de un libro divertido, de hecho, estaba muy lejos de serlo, pero aquel era el efecto que los libros causaban en el librero. Es más, ese era el motivo por el que se había hecho librero.»

El librero, un librero sin nombre ni apellido (y maldita la falta que le hacen), se quedó solo al darse cuenta de que se había convertido en un tema de conversación para sus amigos, y de que todos sus hermanos se fueron marchando a miles de kilómetros de distancia. Al librero no le molestan las personas maleducadas ni los testigos de Jehová, ni tampoco que, de vez en cuando, los libros murmuren a sus espaldas, pero no soporta, bajo ninguna circunstancia, a las parejas.

Con una imaginación apabullante y un estilo literario sencillo, pero enormemente musical, Régis de Sá Moreira consigue con esta novela hipnotizar al lector que gusta de pasear por los pasillos de las librerías, aunque en ocasiones se sienta en ellas perdido y solo como en el medio de un océano. Este es uno de esos libros que crea una enorme complicidad entre lector y librero: por una parte, al lector que se asome a sus páginas lo acercará a este mundillo nuestro, al de los libreros, en una aproximación tan irreal como hermosa, y por otra parte, cada uno de nosotros podrá descubrir en ella ese rasgo exclusivo y diferente que posee cada lector, que le caracteriza y que hace que al entrar en nuestra librería se sienta repelido o atraído y que escoja nuestra librería y no otra. Una novela no apta para personas insensibles y lectores exclusivos de bestsellers que recomendamos leer despacito y, si es posible, más de una vez.

Recomendación escrita para Librería Canaima (Las Palmas de Gran Canaria).

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Superzorro

Mi especial forma de celebrar el Día del Libro es ceder el espacio del blog para una nueva recomendación de las… LAS LECTURAS DE ENARA

El libro que os quiero recomendar hoy es Superzorro, de Roald Dahl y editado por Alfaguara Infantil.

Superzorro

Superzorro es un zorro que vive en una madriguera con su familia, que son su mujer y sus cuatro zorritos. Todos los días robaba la comida a tres granjeros atontados. Uno se llamaba Benito y no comía nada, solo bebía sidra; otro se llamaba Buñuelo y solo comía donuts rellenos de hígado de pato; y el último se llamaba Bufón y solo comía pollo, sus pollos. Los tres sabían que les estaba robando la comida, pero nunca le pillaban. Benito, que era el menos tonto, tuvo una idea: para que Superzorro no les robara más decidió que los tres juntos se pondrían en la entrada de la madriguera del zorro con escopetas para matarlo. También Benito les ordenó a unos jóvenes que rodearan la montaña para que no se escapara por allí.

Cuando Superzorro decidió salir a por más comida, los granjeros intentaron matarle, pero solo consiguieron cortarle la cola. Pasaron unos días tristes y con mucha hambre porque no podían salir a por comida ni ellos, ni los demás animales que vivían bajo tierra y por eso, las madres se sentían muy débiles. Cada día, los granjeros se aburrían más y sentían más hambre porque no dejaban la madriguera ni de día ni de noche. Tenían dos tiendas de campaña pequeñas y en ellas se metían  cuando hacía frío. Después de pensar mucho y mucho, Superzorro tuvo una gran idea… ¿Os he dejado con el misterio? Pues comprad el libro y lo descubriréis.

El libro me ha gustado mucho porque es muy divertido y el autor ha escrito muchos libros también divertidos como “Charlie y la fábrica de chocolate“. Las ilustraciones, que están en blanco y negro y son muy especiales, le dan un toque muy bonito al libro. Se lo recomiendo a los niños de 9 a 10 años que les guste leer cosas divertidas, sencillas y fáciles de leer. El final es inesperado y me ha gustado.

Intemperie

A menudo me sucede que, al enterarse las personas que se acercan a mí de cuál es mi ocupación actual en el mundo libresco (“recomendador” de libros), y tras esbozar una sonrisa en la que intuyo cierta incredulidad, pero también verdadero apoyo, me piden, a bocajarro, que les recomiende un libro. Me gusta porque, entre otras cosas, me mantiene en forma dado lo complicado que puede resultar este invento de ser librero sin librería, pero también dudo mucho, mucho, más que cuando estaba rodeado de mesas de novedades, de expositores imprescindibles y grandes apuestas editoriales ante próximas citas como el Día del Libro.

IntemperieComo hacía entonces, lo primero que hago es preguntarme qué tipo de libro encajará con el gusto lector de quien me mira con esa mezcla de expectación y esperanza. Después ya todo es memoria, reflejos y decisión. Hermoso. Pero hay ocasiones en las que un libro que acabo de leer me invade por dentro de tal modo que empiezo a recomendarlo con pasión, a diestro y siniestro, sin tener apenas en cuenta sus gustos, sin casi importarme los autores que suelen apasionar a ese lector, seguro como estoy de que cualquiera con algo de sensibilidad puede disfrutarlo sobremanera. “Intemperie, escrito por el extremeño Jesús Carrasco es uno de esos extraños casos.

La novela arranca de un modo cruel y duro: retratando de una manera magistral la enorme soledad de un niño que se esconde en un hueco excavado en la tierra arcillosa tratando de escapar de su padre. Como sucedía en aquella obra maestra de Cormac McCarthy titulada “La Carretera” (primera referencia inevitable), desconocemos el cómo, el cuándo y el por qué, pero seguimos al niño y su huida mecidos por un lenguaje preciso, hermoso y muy cercano.

En los primeros momentos en los que el terror y la quietud se apoderan del niño, el paisaje se convierte en un personaje más (por no decir en el protagonista) de la historia y resulta inevitable recordar y sentir al gran Miguel Delibes en cada descripción, en cada rincón del páramo (segunda referencia inevitable, y pocas veces unas identificaciones literarias promovidas por la editorial resultan tan evidentes, sin ser acusadoras). Muy pronto, el joven da con un viejo cabrero quien, sin pedir nada a cambio, ni tan siquiera unas palabras o algo de comida, ayuda al chico a seguir con sus intenciones, sean cuales sean.

Como sin darnos cuenta, la novela va tomando un ritmo menos pausado, van apareciendo más personajes y comenzamos a sentir la necesidad de seguir leyendo atrapados ya en ese terror sin sentido, en esa violencia descarnada en la que niño y cabrero van cayendo debido al hambre, la mala suerte o la misma piedad cristiana: en definitiva por la mezquina existencia del ser humano.

Que no os influya la enorme campaña publicitaria realizada por la editorial (comprensible si tenemos en cuenta que se trata de una primera obra), las proclamaciones como mejor obra del… que la crítica profesional ha hecho de la novela, ni tampoco los muchos comentarios negativos sobre el libro leídos en las últimas semanas en las redes sociales provenientes, curiosamente, de jóvenes escritores que suelen reivindicar la nueva literatura (¿contradicción? ¿clarividencia? ¿envidia? poco importa): acercaos a la novela, sufridla y disfrutadla. No creo que os deje indemnes.