la máquina de hacer españoles

La máquina de hacer españoles” no es un libro apto para todos los públicos. No es un libro fácil de recomendar por un librero, pero es uno de los mejores libros que yo he leído en mucho tiempo. La originalidad de la propuesta, la magia del lenguaje que usa el autor, las constantes contradicciones que vive quien nos narra la historia, la sorpresa (un ingrediente que cada día se hace más indispensable para el disfrute de una lectura)…

Y es que no es fácil de recomendar a quien se acerca a la librería pidiendo consejo un libro presentado sin mayúsculas ni guiones. Se produce el mismo “shock” que el lector experimenta al abrir por primera vez “Los Santos Inocentes” de Delibes o “El otoño del Patriarca” de García Márquez. Pero el susto no dura más allá de tres páginas, tras las cuales ya nos hemos sumergido de tal forma en el pensamiento de Antonio Silva que se nos hace evidente el por qué de ese uso tan especial de la puntuación. Entramos así en una novela que fluye libre como el río, como los pensamientos con un lenguaje magistral, en muchas ocasiones poético, pero libre de todo artificio superfluo (incluidas las mayúsculas). Y vamos entrando en la cabeza de Silva, un anciano de 84 años que acaba de perder al amor de su vida, aquella con la que ha compartido medio siglo de vida, y cuyos hijos acaban de dejar-abandonar en una residencia de ancianos, en un lugar en el que, cree Silva que van a intentar enseñarle lo maravilloso de la vida cuando tiempo ya apenas queda.

Tras los primeros momentos de enfado y desolación, Silva reconoce disgustado que su cuidador podría tener razón y comienza a desarrollar una nueva vida y nuevas amistades que le ayudan a repasar su vida. Una vida tan llena de contradicciones como la de cada uno de nosotros, en la que la callada sumisión al régimen de Salazar convirtió a gran parte de su generación en fascistas felices y despreocupados, aunque estuvieran hartos de ser dominados por alguien que se creía con derecho a dominar las mentes e incluso las ilusiones de todo un país. Una vida en la que pese al orgullo de ser portugués, Silva confiesa haber sentido la envidia de no ser español, un pueblo más vivo y listo. Una vida en la que, llegando la vejez, no hay que tener ilusiones, sino que hay que ir abandonándolas para dejar este mundo libre de todo deseo, pero en la que cada día Silva va conociendo a nuevos internos cuya amistad se hace cada vez más importante.

En definitiva, una novela sobrecogedora sobre la vejez, la desilusión y la necesidad de reflexionar sobre el futuro; una novela sobre la amistad, la pérdida y el compañerismo, pero también una novela sobre Portugal, los cuarenta años de dictadura salazarista, la “saudade”, Fernando Pessoa… Una novela impresionante.

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